Pierre Cardin, icono revolucionario de la moda

Él, que dejó perplejo al mundo cuando se atrevió con la moda unisex y el prêt-à-porter. Él, que cumple 95 años a pleno rendimiento. NP habla con Pierre Cardin: la leyenda viva del diseño.

Pierre Gardin

Es imposible no rendirse a la arrolladora presencia de Pierre Cardin. Aún nacido en Italia –cerca de Venecia, hace ya 95 años– desprende charme francés en cada uno de los pasos que le acercaron a la rueda de prensa ofrecida en Barcelona en motivo del estreno de su obra de teatro El retrato de Dorian Gray. Su currículum, no menos impresionante, permite dar un repaso en exhaustivo de la moda y el arte del siglo XX en primera persona. Y es que la andadura de Cardin en el mundo de la moda empezó de la mano de dos grandes nombres como Elsa Schiaparelli y Christian Dior, quien lo puso al frente de su atelier parisino en 1947. Tras un desencuentro con Cristóbal Balenciaga, Pierre Cardin lo tuvo claro: corría 1950 y era el momento de abrir su propia casa de moda en la que volcar sus ideales vanguardistas y donde plasmar la visión futurista de la indumentaria que tenía en mente. Sus creaciones pronto llamaron la atención; era difícil no sorprenderse ante las líneas rectas y limpias que ofrecían las prendas, o maravillarse ante las inusitadas formas geométricas y la ausencia de ornamentos, tan poco habitual en la época, que caracterizaban los diseños. “La moda me dio tanto éxito en mi vida que preferí apostar por aquello que podría llegar a ser, es mi oficio y sin ella no existiría el paso del tiempo”, apunta Cardin. Esa visión le abrió las puertas en 1963 a la alta costura, entrando como miembro a la Chambre Syndicale de París. Ese matrimonio, sin embargo, duró poco pues el selecto grupo de creadores no soportó la propuesta de Cardin que rompería el concepto de moda, como era conocido por entonces, para siempre. Por primera vez y ante un público expectante en los grandes almacenes Printemps de París, el diseñador presentó en 1959 una colección que podía ser confeccionada en serie. Efectivamente, en ese momento nacía el prêt-àporter en Europa, la moda hecha según la demanda del público y con patrones preestablecidos. Visto con perspectiva, Cardin lanzó un gran desafío a los couturiers de aquellos años, acostumbrados a preparar piezas exclusivas y hechas a medida para cada una de sus exigentes clientas. Él mismo afirma que su mayor logro ha sido “ser útil a la masa, a la mayoría de la gente”. El paso del tiempo, sin embargo, sí ha vuelto a Cardin más conservador: “Ya no tengo 20 años, puedo llamarme clásico a mí mismo y no tengo que marcarle las tendencias a nadie”, señala entre risas.

Pierre Gardin 1959 Pierre Gardin 1971

 

Construyendo un imperio

La introducción del prêt-à-porter fue solo la primera de sus lecciones de moda. Aquel joven idealista veía en ese mundo el catalizador perfecto de su personalidad. Tras el ready-to-wear, llegó la moda futurista –Cardin fue pionero en el uso de materiales tecnológicos, plástico y siluetas imposibles– y el gran boom que supuso la invención de la moda unisex. Él, que ya se había alejado del estilo más encorsetado marcado por sus maestros, cruzó la barrera de género y se atrevió con la moda masculina, un campo menos trabajado por sus coetáneos, hasta sorprender con las colecciones dirigidas a ambos sexos. “La moda es un aspecto que nos sirve para transformarnos”, puntualiza monsieur Cardin. Y vaya si lo hizo, ya que desde ese momento cambió los hábitos de consumo de la sociedad para siempre. Aquel boom entonces no era suficiente. Pierre Cardin no se sentía solo un diseñador, esa palabra se quedaba pequeña ante su amplitud de miras. Si la moda tenía que ser un negocio debía rentabilizarse debidamente y Cardin, en 1968, sorprendió a propios y extraños convirtiéndose en el rey de las licencias, inventando un sistema que diversificaba el mercado dándole su nombre, vinculado al lujo, a productos de cualquier índole. Vajillas, bolsos, corbatas, gafas, cuberterías, paraguas y hasta interiores de coches llevaban la firma de Cardin, convirtiéndose en una de las más familiares para el gran público a lo largo de varias décadas. 800 productos distribuidos en 140 países con el logo de la casa convirtieron el sistema de licencias de Pierre Cardin en un hito, tanto en moda como empresarial, a pesar de que con el paso de los años el poder de atracción del nombre perdió fuelle.

Pierre Cardin 1965

 

Eterno visionario

“No tengo influencias, soy yo quien influye en los demás”, afirma Cardin acercándose a ese siglo de vida que le ha llevado a ser promotor cultural, propietario de restaurantes, empresario y un sinfín de oficios que no han detenido su labor como diseñador. Él, que miró al espacio para deslumbrar a todo el planeta, resulta todavía inspirador. Sus diseños, futuristas ya cumplidos los 60 años, aún sorprenden a jóvenes y mayores, que quedan fascinados por esas creaciones poco funcionales pero convertidas en iconos. Porque sí, viendo el trabajo de Cardin es posible sentir nostalgia de un futuro que nunca sucedió.

Pierre Cardin 1968