Marilyn Monroe, su gran historia

En el 90 aniversario de su nacimiento, NP rinde tributo a la mujer que se escondía tras el mito de Marilyn Monroe.

Un vestido blanco de seda cubierto de encaje, con ruffles en el escote, hombreras y un velo medio cayendo sobre los hombros vestían a Norma Jeane Baker en su primera boda con James Dougherty en 1942. Ella, poco más que una adolescente de 16 años, y él un marine que no pudo competir con las luces que llegaban desde Hollywood. El mito de Marilyn Monroe todavía no había nacido, pero a Norma le aguardaba un futuro brillante en la meca del cine. Al fin y al cabo, la que estaba destinada a ser uno de los mayores iconos del celuloide, fue mucho más que los hombres que constan a su lado en su biografía y también mucho más que los vestidos que eligió para sus bodas. Ya convertida en la “tentación rubia”, Marilyn protagonizó titulares y portadas por su ajetreada vida sentimental, y fue el jugador de béisbol Joe DiMaggio quien volvió a llevar a la reina de Hollywood al altar. Para aquella boda civil celebrada en enero de 1954 en San Francisco, la actriz contuvo su parte más sensual, la más conocida por todos, bajo un discreto diseño de lana marrón y falda midi con cuello de pelo blanco. Aquella suerte de sueño americano duró solo ocho meses y la pareja se divorció tan solo 274 días después.

Pero el historial nupcial de Marilyn no terminó ahí. Ella quiso volver a vestirse de blanco para, quizás el que fue, su enlace más sincero y sentido con el escritor Arthur Miller. Más dulce y sexy que nunca, la estrella se enfundó en un vestido beis de manga corta ajustado a la silueta por un cinturón de satén, creado por Norman Norell y el diseñador de vestuario John Moore para la boda judía en 1956. El matrimonio duró cinco años y la vida de Marilyn se acercaba a su fin. Norma Jean murió el 5 de agosto de 1962 a los 36 años. El mito de Marilyn ya era una realidad.

*Artículo extraído del número 29 de NP.

Marilyn Monroe y Joe DiMaggio en su boda (1954)

Imagen / image: Cordon Press

On the 90th anniversary of her birth, NP pays tribute to the woman concealed behind the myth of Marilyn Monroe.

A white silk dress covered in lace with ruffles at the neckline, shoulder pads and a veil half falling over her shoulders was what Norma Jean Baker wore to her first wedding to James Dougherty in 1942. She, little more than a girl of 16, and he a marine who could not compete with the oncoming bright lights from Hollywood. The myth of Marilyn Monroe was not yet born, but a bright future awaited Norma in Tinsel town. At the end of the day, she who was destined to become one of the greatest stars of celluloid was so much more than the men who graced her side in her biography and also much more than the garments she chose for her weddings. Already turned into the “Blonde Bombshell”, Marilyn’s messy romantic life often made the headlines and the front pages, and it was the baseball player Joe DiMaggio who once again led the queen of Hollywood to the altar. For that civil wedding, held in January 1954 in San Francisco, the actress hid her more sensual part, the best known of all, under a discreet design: brown wool midi skirt and white fur collar. That piece of the American dream lasted only eight months and the couple divorced only 274 days later.

But Marilyn’s bridal history did not end there. She wanted to wear White again, for what was perhaps her most sincere and sensible bond with writer Arthur Miller. Sweeter and sexier than ever, the star donned a light beige muslin gown with peasant neckline cinched by a satin belt, created by Norman Norwell and costume designer John Moore for that Jewish wedding in 1956. The marriage lasted five years and Marilyn’s life was coming to an end. Norma Jean died on August 5, 1962 at age 36. The Marilyn myth was already a reality.

*Article taken from NP’s issue number 29.