En la meca de Yves y Pierre

Si París fue la ciudad que marcó la moda del todopoderoso tándem formado por Yves Saint Laurent y Pierre Bergé, Marrakech es todavía reconocida -quizás más tras la muerte de ambos- como la ciudad que los unió para siempre.

Desde 1958, año en que se conocieron, Pierre Bergé e Yves Saint Laurent se tornaron inseparables

Poco más de un mes había pasado de la muerte de Pierre Bergé el pasado octubre, eterna pareja y mecenas del diseñador Yves Saint Laurent, cuando por fin se hizo realidad el sueño de ambos. El museo de Marrakech dedicado a la conservación y difusión de la obra del creador abría sus puertas poniendo el broche de oro a una historia de amor con la ciudad que había comenzado en 1966. Fue ese año cuando disfrutaron de unos días de vacaciones en la Ciudad Roja, huyendo del frenesí propio del atelier parisino
que compartían, y donde encontraron, a 2.548 kms. de lo que por entonces llamaban hogar, un refugio vital, un paraíso en el que volcar toda su creatividad y aspiraciones. Cada año, religiosamente, la pareja acudía a su pequeño riad en la Medina –conocida como Dar El Hanch, la casa de la serpiente– para pasar dos semanas allí y que el couturier preparara, rodeado de colores y texturas desconocidos por él hasta el momento, sus colecciones de alta costura.

Un joven Saint Laurent en la concurrida plaza Yamaa El Fna de Marrakech. Imagen: Guy Marineau /
El logo de YSL reina en el patio circular del museo Yves Saint Laurent de Marrakech. Imagen: Fondation Jardin Majorelle / Foto: Nicolas Mathéus, 2017
El vestido ‘Mondrian’ (1965). Imagen: Fondation Pierre Bergé-Yves Saint Laurent – Alexandre Guirkinger / ‘Le cabinet de curiosités’, en el museo. Imagen: Fondation Jardin Majorelle / Foto: Nicolas Mathéus

Moda sobre terracota

La silueta del museo Yves Saint Laurent de Marrakech no desentona en el horizonte de la ciudad. Studio KO, responsable del mayúsculo proyecto, ha sabido plasmar la identidad de la arquitectura de la zona con las tendencias más modernas dibujando un edificio de líneas puras y limpias en la calle que lleva el nombre del creador.

Un joven Saint Laurent en la concurrida plaza Yamaa El Fna de Marrakech. Imagen: Guy Marineau /
El logo de YSL reina en el patio circular del museo Yves Saint Laurent de Marrakech. Imagen: Fondation Jardin Majorelle / Foto: Nicolas Mathéus, 2017

Construido en terracota, cemento y granito pintado en una cálida gama de colores, está también cubierto por ladrillos fabricados por artesanos locales y muy cerca del conocido Jardín Majorelle, tesoro que la pareja adquirió en la década de los ochenta en una romántica inversión para salvarlo de una acción inmobiliaria que pretendía convertirlo en un complejo hotelero.

Pierre e Yves en una fotografía casera en el Marrakech de 1977. Imagen: Guy Marineau

Saint Laurent, como todos esos turistas que han cruzado el umbral de este vergel, quedó hechizado ante el pequeño edén alejado del bullicio y bañado de azul que formaba el jardín y no dudó en hacerse cargo del recinto para restaurarlo tras años de lento abandono. Es allí, cerca del recién inaugurado museo y a pocos metros de Villa Oasis donde vivió con Pierre, donde reposan sus cenizas, tras su muerte en 2008.

La revolución del esmoquin femenino llegó en 1966. Imagen: Gérard Pataa /
Desde 2011, el jardín Majorelle acoge el Museo Bereber. Imagen: Jardin Majorelle

Una colección de imprescindibles

No se han necesitado ni diez años de su desaparición para que la fundación Pierré Bergé-Yves Saint Laurent ponga orden a las 5.000 piezas de costura, 15.000 accesorios y miles de bocetos, pizarras y fotografías que forman el archivo del diseñador. Yves, el único creador de su generación que organizó todo su material creativo desde la fundación de su casa de moda, dejó bien encauzado el que sería su museo en Marrakech, a pesar de que fue Pierre quien finalmente vio como iba cobrando vida de la mano
de Karl Fournier y Olivier Marty, del nombrado Studio KO.

“Más allá de una mera retrospectiva, el museo Yves Saint de Marrakech es una celebración del talento del diseñador” – Yves Saint Laurent despidiendo el legendario desfile ‘Rive Gauche’, en 1966. Imagen: Fondation Pierre Bergé – Yves Saint Laurent

Más allá de una mera retrospectiva, el museo es ya una celebración del talento de Saint Laurent, invitando a las nuevas generaciones a descubrir una de las grandes agujas del siglo XX. Como su gemelo emplazado en la Avenue Marceau parisina e inaugurado también este año, sus pasillos cubren la vida y obra del creador, pero también ofrece espacios para exposiciones temporales, auditorio, biblioteca y un café restaurante, convirtiéndose en un centro cultural sin igual.

Vista de sala YSL en el museo. Imagen: Fondation Jardin Majorelle / Foto: Nicolas Mathéus /
El diseñador en Dar el Hanch, su primera casa en Marrakech. Imagen: Pierre Bergé

La personalidad de Yves se respira en cada rincón: su pasión por el arte se erige como bienvenida al museo con el inolvidable vestido Mondrian, como también el esmoquin femenino que renovó el look de la mujer que, deslumbra al girar la primera esquina de la galería, ni falta la sahariana, una pieza nacida directamente de la inspiración que el maestro couturier halló entre los zocos y jardines de la Ciudad Roja y que aún, a día de hoy, convive entre las grandes piezas icónicas de la historia.